Todos los animales en algún
momento de su vida presentan tensión de varias clases como parte normal de sus vidas,
pueden empezar cuando se presenta la
posibilidad de tener que ceder a otra especie el espacio donde viven, la
necesidad de defender su refugio, de
proteger a los pequeños, inclusive competir para conseguir una esposa,
naturalmente que la mayor tensión es por el miedo de perder la vida, para esto
la naturaleza ha provisto a cada animal con ciertas reacciones de protección,
una de las más importantes es el instinto del miedo.
En el momento que un animal se
da cuenta de que hay peligro de inmediato el instinto del miedo despierta, cada
reserva de sus cuerpo se prepara para
tomar una de dos actitudes que le aseguren la supervivencia, pelear o escapar, en
cualquiera de los dos casos, debe entrar en acción y utilizar sus reservas de
energía, cuando el peligro ha pasado el animal se tranquiliza y vuelve a la
normalidad como si nada hubiera pasado, el instinto del miedo actuó y no quedan
efectos posteriores dañinos.
Los científicos creen que
existen las mismas respuestas de protección en el animal humano localizadas en
un área de cerebro llamada amígdala, es como si el instinto del miedo de
nuestros ancestros todavía viviera allí, listo para oprimir el botón del pánico.
En tiempos de confinamiento debido a la contingencia sanitaria, en la jungla de
concreto, este instinto primitivo puede actuar en el momento en que se percibe
el peligro, el instinto del miedo recibe el mensaje e inmediatamente oprime el
botón del pánico, como un relámpago se movilizan todos los reservas del
organismo, la respiración se acelera y se hace más profunda, por esta acción
los pulmones aumentan su actividad y aportan más oxígeno a la sangre, el hígado
una de cuyas funciones es servir como depósito del azúcar de la sangre, en este
momento la libera en grandes cantidades hacia el torrente sanguíneo para dar
energía extra, las glándulas suprarrenales también aumentan su producción
vertiendo sus secreciones para estimular el músculo cardiaco, el cual a su vez
reacciona aumentando la velocidad de bombeo, en los órganos de la digestión
algunas arterías se contraen disminuyendo el suplemento de sangre en estas
zonas, esto permite que se cuente con más sangre que necesitan los músculos
para pelear o para huir y todo esto pasa en una fracción de segundo, como
cualquier animal el hombre ha utilizado su sobrecarga de energía para evitar algún
peligro.
A diferencia de los otros
animales, el humano tiene más que instinto, tiene un intelecto superior y una
imaginación brillante y creativa, desafortunadamente esta imaginación puede
crear peligros reales e imaginarios, desencadenar tensiones y miedos no
necesarios. Si esta situación de tención mental basada en el temor generado
dentro de uno mismo se mantiene durante el tiempo del descanso, puede dar
resultados muy desfavorables, como destruir el reposo, interrumpir los procesos
normales de regeneración del organismo y aún peor, desencadenar la pesadilla de
las enfermedades psicosomáticas lo que significa, enfermedades inducidas en el
cuerpo por la mente.
Si el humano aprende herramientas
para gestionar este instinto, se le permite descansar cuando no hay peligro real,
el organismo puede funcionar como debe, después de todo, la mayoría de los
problemas reales o imaginarios se resuelven pronto y muchas situaciones que en
un principio pensábamos que nos amenazaban resultan que sólo existían en la
imaginación.
Visítanos y aprende a PARAR!
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