miércoles, 14 de octubre de 2020

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Todos los animales en algún momento de su vida presentan tensión de varias clases como parte normal de sus vidas, pueden empezar cuando  se presenta la posibilidad de tener que ceder a otra especie el espacio donde viven, la necesidad  de defender su refugio, de proteger a los pequeños, inclusive competir para conseguir una esposa, naturalmente que la mayor tensión es por el miedo de perder la vida, para esto la naturaleza ha provisto a cada animal con ciertas reacciones de protección, una de las más importantes es el instinto del miedo.

En el momento que un animal se da cuenta de que hay peligro de inmediato el instinto del miedo despierta, cada reserva de sus cuerpo se prepara  para tomar una de dos actitudes que le aseguren la supervivencia, pelear o escapar, en cualquiera de los dos casos, debe entrar en acción y utilizar sus reservas de energía, cuando el peligro ha pasado el animal se tranquiliza y vuelve a la normalidad como si nada hubiera pasado, el instinto del miedo actuó y no quedan efectos posteriores dañinos.

Los científicos creen que existen las mismas respuestas de protección en el animal humano localizadas en un área de cerebro llamada amígdala, es como si el instinto del miedo de nuestros ancestros todavía viviera allí, listo para oprimir el botón del pánico. En tiempos de confinamiento debido a la contingencia sanitaria, en la jungla de concreto, este instinto primitivo puede actuar en el momento en que se percibe el peligro, el instinto del miedo recibe el mensaje e inmediatamente oprime el botón del pánico, como un relámpago se movilizan todos los reservas del organismo, la respiración se acelera y se hace más profunda, por esta acción los pulmones aumentan su actividad y aportan más oxígeno a la sangre, el hígado una de cuyas funciones es servir como depósito del azúcar de la sangre, en este momento la libera en grandes cantidades hacia el torrente sanguíneo para dar energía extra, las glándulas suprarrenales también aumentan su producción vertiendo sus secreciones para estimular el músculo cardiaco, el cual a su vez reacciona aumentando la velocidad de bombeo, en los órganos de la digestión algunas arterías se contraen disminuyendo el suplemento de sangre en estas zonas, esto permite que se cuente con más sangre que necesitan los músculos para pelear o para huir y todo esto pasa en una fracción de segundo, como cualquier animal el hombre ha utilizado su sobrecarga de energía para evitar algún peligro.

A diferencia de los otros animales, el humano tiene más que instinto, tiene un intelecto superior y una imaginación brillante y creativa, desafortunadamente esta imaginación puede crear peligros reales e imaginarios, desencadenar tensiones y miedos no necesarios. Si esta situación de tención mental basada en el temor generado dentro de uno mismo se mantiene durante el tiempo del descanso, puede dar resultados muy desfavorables, como destruir el reposo, interrumpir los procesos normales de regeneración del organismo y aún peor, desencadenar la pesadilla de las enfermedades psicosomáticas lo que significa, enfermedades inducidas en el cuerpo por la mente.

Si el humano aprende herramientas para gestionar este instinto, se le permite descansar cuando no hay peligro real, el organismo puede funcionar como debe, después de todo, la mayoría de los problemas reales o imaginarios se resuelven pronto y muchas situaciones que en un principio pensábamos que nos amenazaban resultan que sólo existían en la imaginación.

Visítanos y aprende a PARAR!





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